시편
Resumen Salmos es un libro de oración y alabanza que presenta ante Dios, tal como son, todas las emociones humanas y las realidades de la vida. Los lamentos y la gratitud personales y las confesiones de la comunidad convergen, en última instancia, en la oración de Jesucristo, que confió en Dios aun en medio del sufrimiento.
- Fecha de escritura
- c. siglos X–V a. C. (incluida su recopilación y compilación)
- Período histórico
- Desde el reino unido hasta el exilio
Contexto
Salmos no es obra de una sola época ni de un solo autor, sino el libro de oraciones y de cánticos de Israel, escrito a lo largo de varias épocas en torno a David. Desde las confesiones personales de la época de la monarquía hasta los lamentos de la comunidad en el exilio, Salmos contiene el lenguaje de la vida real que el pueblo de Dios vivió en la historia. Este libro no presenta mandatos como la ley ni explica respuestas como los libros sapienciales, sino que muestra cómo el ser humano habla, llora y alaba delante de Dios.
Contenido
En Salmos no solo hay gozo y gratitud, sino que también se recogen tal cual el temor, la ira, la desesperación y el silencio. Los salmistas claman a Dios sin entender la razón de su sufrimiento y, a veces, protestan ante Dios y se lamentan. Sin embargo, este lamento no es una incredulidad que se aparta de Dios, sino la expresión de una fe que se aferra a Él. Dentro del curso de toda la Biblia, Salmos no es solo un libro que registra las emociones personales, sino el libro que muestra con mayor profundidad el interior del Mesías que había de venir. El lenguaje de los salmos, en el que el justo sufre sin causa y, rodeado de enemigos, parece abandonado, llega a su punto culminante en Jesucristo, que citó los salmos en la cruz. Jesucristo es el verdadero justo del que hablan los salmos, y quien eleva la oración perfecta, confiando en Dios aun en medio del sufrimiento. En definitiva, Salmos no impone la emoción de que “quien cree en Dios debe estar siempre alegre”, sino que muestra que “¡se puede acudir a Dios en cualquier estado!”. Y ese camino no se completa en las emociones ni en la justicia humanas, sino en Jesucristo, que cargó en nuestro lugar con todos nuestros lamentos y elevó antes que nosotros esa oración de lamento.