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Y RESPONDIÓ Job, y dijo:
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Hoy también hablaré con amargura; que es más grave mi llaga que mi gemido.
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¡Quién me diera el saber dónde hallar á Dios! yo iría hasta su silla.
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Ordenaría juicio delante de él, y henchiría mi boca de argumentos.
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Yo sabría lo que él me respondería, y entendería lo que me dijese.
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¿Pleitearía conmigo con grandeza de fuerza? No: antes él la pondría en mí.
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Allí el justo razonaría con él: y escaparía para siempre de mi juez.
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He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré:
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Si al norte él obrare, yo no lo veré; al mediodía se esconderá, y no lo veré.
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Mas él conoció mi camino: probaráme, y saldré como oro.
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Mis pies tomaron su rastro; guardé su camino, y no me aparté.
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Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida.
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Empero si él se determina en una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, é hizo.
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El pues acabará lo que ha determinado de mí: y muchas cosas como estas hay en él.
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Por lo cual yo me espanto en su presencia: consideraré, y temerélo.
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Dios ha enervado mi corazón, y hame turbado el Omnipotente.
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¿Por qué no fuí yo cortado delante de las tinieblas, y cubrió con oscuridad mi rostro?
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