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“Pero ahora se ríen de mí los que son más jóvenes que yo, a cuyos padres yo desdeñara poner con los perros de mi ganado.
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¿De qué me servía ni aun el poder de sus manos, en los cuales había perecido la fuerza?
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| 3 |
Por la pobreza y el hambre andaban solos; huían a la soledad, a lugar tenebroso, asolado y desierto.
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Recogían malvas entre los arbustos, y raíces de enebro para calentarse.
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Eran echados de entre las gentes, y todos les gritaban como a un ladrón.
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Habitaban en las barrancas de los arroyos, en las cavernas de la tierra y en las rocas.
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Bramaban entre las matas, y se reunían bajo las ortigas.
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| 8 |
Hijos de viles, hombres sin nombre, más bajos que la misma tierra.
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| 9 |
“Y ahora yo soy su canción, y les sirvo de refrán.
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| 10 |
Me abominan, se alejan de mí, y aun en mi presencia no dejan de escupirme.
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| 11 |
Porque Dios ha desatado mi cuerda, y me ha afligido, por eso ellos se desenfrenaron delante de mi rostro.
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| 12 |
A mi derecha se levantó la zupia; empujaron mis pies, y prepararon contra mí caminos de perdición.
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| 13 |
Mi senda desbarataron, se aprovecharon de mi quebranto, y contra ellos no hubo quien me auxiliase.
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| 14 |
Vinieron como por portillo ancho, se revolvieron sobre mi calamidad.
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| 15 |
Se han revuelto terrores contra mí; combatieron como viento mi honor, y mi prosperidad pasó como nube.
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| 16 |
“Y ahora mi alma está derramada en mí; días de aflicción se han apoderado de mí.
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| 17 |
La noche taladra mis huesos, y los dolores que me roen no reposan.
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| 18 |
Con la gran fuerza de mi mal mi vestidura está demudada; me ciñe como el cuello de mi túnica.
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| 19 |
Él me derribó en el lodo, y soy semejante al polvo y a la ceniza.
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| 20 |
Clamo a ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes.
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| 21 |
Te has vuelto cruel para conmigo; con el poder de tu mano me persigues.
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| 22 |
Me alzaste sobre el viento, me hiciste cabalgar en él, y disolviste mi sustancia.
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| 23 |
Porque yo sé que me conduces a la muerte, y a la casa determinada a todo viviente.
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| 24 |
“Mas ¿no extenderá él la mano al sepulcro? ¿Clamarán los mueren cuando él los quebrante?
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| 25 |
¿No lloré yo al afligido? ¿Y mi alma no se entristeció sobre el menesteroso?
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| 26 |
Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal; y cuando esperaba luz, la oscuridad vino.
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| 27 |
Mis entrañas hierven, y no reposan; días de aflicción me han sobrecogido.
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| 28 |
Ando ennegrecido, y no por el sol; me he levantado en la congregación, y clamado.
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| 29 |
He venido a ser hermano de los chacales, y compañero de los avestruces.
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| 30 |
Mi piel está ennegrecida sobre mí, y mis huesos saltan de calor.
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| 31 |
Se ha cambiado mi arpa en luto, y mi flauta en voz de lamentadores.
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