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A ESTO también se espanta mi corazón, y salta de su lugar.
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Oid atentamente su voz terrible, y el sonido que sale de su boca.
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Debajo de todos los cielos lo dirige, y su luz hasta los fines de la tierra.
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Después de ella bramará el sonido, tronará él con la voz de su magnificencia; y aunque sea oída su voz, no los detiene.
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Tronará Dios maravillosamente con su voz; él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.
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Porque á la nieve dice: Desciende á la tierra; también á la llovizna, y á los aguaceros de su fortaleza.
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Así hace retirarse á todo hombre, para que los hombres todos reconozcan su obra.
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La bestia se entrará en su escondrijo, y estaráse en sus moradas.
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Del mediodía viene el torbellino, y el frío de los vientos del norte.
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Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas son constreñidas.
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Regando también llega á disipar la densa nube, y con su luz esparce la niebla.
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| 12 |
Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, para hacer sobre la haz del mundo, en la tierra, lo que él les mandara.
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Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, otras por misericordia las hará parecer.
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| 14 |
Escucha esto, Job; repósate, y considera las maravillas de Dios.
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¿Supiste tú cuándo Dios las ponía en concierto, y hacía levantar la luz de su nube?
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¿Has tú conocido las diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?
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¿Por qué están calientes tus vestidos cuando se fija el viento del mediodía sobre la tierra?
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¿Extendiste tú con él los cielos, firmes como un espejo sólido?
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Muéstranos qué le hemos de decir; porque nosotros no podemos componer las ideas á causa de las tinieblas.
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| 20 |
¿Será preciso contarle cuando yo hablaré? Por más que el hombre razone, quedará como abismado.
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He aquí aún: no se puede mirar la luz esplendente en los cielos, luego que pasa el viento y los limpia,
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| 22 |
Viniendo de la parte del norte la dorada claridad. En Dios hay una majestad terrible.
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El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en potencia; y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.
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Temerlo han por tanto los hombres: él no mira á los sabios de corazón.
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