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“Por esto también tiembla mi corazón, y salta de su lugar.
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Oíd atentamente el estrépito de su voz, y el sonido que sale de su boca.
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Bajo todos los cielos lo dirige, y su relámpago hasta los confines de la tierra.
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Tras él brama el sonido; truena él con la voz de su majestad; y no los detiene cuando se oye su voz.
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Truena Dios maravillosamente con su voz; él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.
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Porque a la nieve dice: ‘Cae sobre la tierra’; también a la llovizna, y a los aguaceros de su potencia.
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Así detiene la mano de todo hombre, para que todos los hombres reconozcan su obra.
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Las fieras se retiran a sus escondrijos, y se quedan en sus moradas.
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Del sur viene el torbellino, y el frío de los vientos del norte.
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Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas se congelan.
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| 11 |
También carga de humedad la densa nube, y esparce la nube de su relámpago.
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| 12 |
Ella gira en derredor por sus designios, para hacer todo lo que él le mande sobre la faz del mundo habitable.
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| 13 |
Ya sea por castigo, o por su tierra, o por misericordia, él la hace venir.
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“Escucha esto, Job; detente y considera las maravillas de Dios.
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¿Sabes tú cómo Dios las dispone, y cómo hace resplandecer el relámpago de su nube?
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¿Has conocido tú las variaciones de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?
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¿Por qué están calientes tus vestidos cuando él sosiega la tierra con el viento del sur?
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¿Extendiste tú con él el firmamento, sólido como un espejo de fundición?
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| 19 |
Enseñadnos qué le hemos de decir; porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de las tinieblas.
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| 20 |
¿Habrá de contársele cuando yo hable? Si el hombre habla, ciertamente será tragado.
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«Mas ahora no se puede mirar la luz esplendente en los cielos, luego que pasa el viento y los limpia.
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| 22 |
Del norte viene la dorada majestad; sobre Dios hay una majestad terrible.
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| 23 |
Él es el Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder; y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.
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| 24 |
Lo temen por tanto los hombres; él no mira a los que se creen sabios de corazón».
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