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¿SACARÁS tú al leviathán con el anzuelo, ó con la cuerda que le echares en su lengua?
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¿Pondrás tú garfio en sus narices, y horadarás con espinas su quijada?
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¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿hablaráte él lisonjas?
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¿Hará concierto contigo para que lo tomes por siervo perpetuo?
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¿Jugarás tú con él como con pájaro, ó lo atarás para tus niñas?
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¿Harán de él banquete los compañeros? ¿partiránlo entre los mercaderes?
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¿Cortarás tú con cuchillo su cuero, ó con asta de pescadores su cabeza?
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Pon tu mano sobre él; te acordarás de la batalla, y nunca más tornarás.
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He aquí que la esperanza acerca de él será burlada: porque aun á su sola vista se desmayarán.
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Nadie hay tan osado que lo despierte: ¿quién pues podrá estar delante de mí?
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¿Quién me ha anticipado, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío.
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Yo no callaré sus miembros, ni lo de sus fuerzas y la gracia de su disposición.
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¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura? ¿quién se llegará á él con freno doble?
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¿Quién abrirá las puertas de su rostro? Los órdenes de sus dientes espantan.
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La gloria de su vestido son escudos fuertes, cerrados entre sí estrechamente.
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| 16 |
El uno se junta con el otro, que viento no entra entre ellos.
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| 17 |
Pegado está el uno con el otro, están trabados entre sí, que no se pueden apartar.
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Con sus estornudos encienden lumbre, y sus ojos son como los párpados del alba.
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| 19 |
De su boca salen hachas de fuego; centellas de fuego proceden.
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| 20 |
De sus narices sale humo, como de una olla ó caldero que hierve.
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| 21 |
Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama.
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| 22 |
En su cerviz mora la fortaleza, y espárcese el desaliento delante de él.
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| 23 |
Las partes momias de su carne están apretadas: están en él firmes, y no se mueven.
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| 24 |
Su corazón es firme como una piedra, y fuerte como la muela de abajo.
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| 25 |
De su grandeza tienen temor los fuertes, y á causa de su desfallecimiento hacen por purificarse.
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| 26 |
Cuando alguno lo alcanzare, ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará.
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El hierro estima por pajas, y el acero por leño podrido.
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Saeta no le hace huir; las piedras de honda se le tornan aristas.
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Tiene toda arma por hojarascas, y del blandir de la pica se burla.
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Por debajo tiene agudas conchas; Imprime su agudez en el suelo.
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Hace hervir como una olla la profunda mar, y tórnala como una olla de ungüento.
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En pos de sí hace resplandecer la senda, que parece que la mar es cana.
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| 33 |
No hay sobre la tierra su semejante, hecho para nada temer.
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| 34 |
Menosprecia toda cosa alta: es rey sobre todos los soberbios.
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