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¡Bendice a Yahvé, alma mía! Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
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Bendice a Yahvé, alma mía, y no olvides ninguno de sus beneficios.
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Él es quien perdona todas tus iniquidades, quien sana todas tus dolencias,
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quien rescata tu vida del sepulcro, quien te corona de favores y misericordias,
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quien sacia de bien tus anhelos, de modo que te rejuvenezcas como el águila.
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Yahvé ejecuta obras de justicia, y defiende el derecho de todos los oprimidos.
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Dio a conocer sus caminos a Moisés, y sus proezas a los hijos de Israel.
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Clemente y compasivo es Yahvé, lento para la ira, y grande en misericordia.
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No contenderá para siempre, ni guardará su enojo perpetuamente.
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No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades.
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Porque como se alzan los cielos sobre la tierra, así de grande es su misericordia para con los que le temen.
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Tan lejos como está el oriente del occidente, así hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
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Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece Yahvé de los que le temen.
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Porque él conoce nuestra condición. Se acuerda de que somos polvo.
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En cuanto al hombre, sus días son como la hierba. Florece como la flor del campo,
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pero pasa el viento sobre ella, y desaparece, y su lugar no la vuelve a conocer.
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Mas la misericordia de Yahvé es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos,
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sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus preceptos para ponerlos por obra.
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Yahvé ha establecido su trono en los cielos, y su reino domina sobre todo.
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Bendecid a Yahvé, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo la voz de su precepto.
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| 21 |
Bendecid a Yahvé, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad.
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| 22 |
Bendecid a Yahvé, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío. ¡Bendice a Yahvé, alma mía!
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