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Los cielos cuentan la gloria de Dios; el firmamento anuncia la obra de sus manos.
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Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría.
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No hay lenguaje, ni palabras, donde no se escuche su voz.
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Por toda la tierra salió su eco, y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso un tabernáculo para el sol,
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y este, como un esposo que sale de su tálamo, se regocija como un gigante para correr su camino.
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De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el término de ellos; y nada hay que se esconda de su calor.
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La ley de Yahvé es perfecta, que restaura el alma; el testimonio de Yahvé es fiel, que hace sabio al sencillo.
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Los mandamientos de Yahvé son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Yahvé es puro, que alumbra los ojos.
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| 9 |
El temor de Yahvé es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Yahvé son verdad, todos justos.
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| 10 |
Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal.
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| 11 |
Tu siervo es además amonestado por ellos; en guardarlos hay grande galardón.
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| 12 |
¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.
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Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.
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| 14 |
Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Yahvé, roca mía, y redentor mío.
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