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Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
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| 2 |
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
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| 3 |
Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: «¿Dónde está tu Dios?»
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| 4 |
Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.
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| 5 |
¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.
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| 6 |
Dios mío, mi alma está abatida en mí; me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.
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| 7 |
Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
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| 8 |
Pero de día mandará Yahvé su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida.
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| 9 |
Diré a Dios: Roca mía, «¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?»
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| 10 |
Como quebrantamiento de mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: «¿Dónde está tu Dios?»
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| 11 |
¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.
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