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Oíd esto, pueblos todos; escuchad, habitantes todos del mundo,
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así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente.
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Mi boca hablará sabiduría, y la meditación de mi corazón será inteligencia.
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Inclinaré al proverbio mi oído; declararé con el arpa mi enigma.
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¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare?
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Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan,
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ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate
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(porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás),
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para que viva en adelante para siempre, y nunca vea corrupción.
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Pues verá que aun los sabios mueren; que perecen del mismo modo el insensato y el necio, y dejan a otros sus riquezas.
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Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas, y sus moradas para todas las generaciones; llaman a sus tierras con sus propios nombres.
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Mas el hombre no permanecerá en honra; es semejante a las bestias que perecen.
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Este su camino es locura; con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos. Selah.
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Como a rebaños que son conducidos al Seol, la muerte los pastoreará, y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada.
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Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo. Selah.
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No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa;
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porque cuando muera no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria.
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Aunque mientras viva, llame dichosa a su alma (y los hombres te alaban cuando prosperas),
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irá a la generación de sus padres, y nunca más verá la luz.
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| 20 |
El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen.
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