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Ciertamente Dios es bueno para con Israel, para con los limpios de corazón.
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Pero en cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies. Mis pasos estuvieron a punto de resbalar.
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Porque tuve envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de los impíos.
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Porque no tienen congojas en su muerte, sino que su vigor es firme.
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No pasan trabajos como los demás mortales, ni son azotados como los demás hombres.
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Por tanto, la soberbia los ciñe como un collar. La violencia los cubre como un vestido.
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Los ojos se les saltan de gordura. Los antojos de su corazón se desbordan.
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Se burlan y hablan con malicia. Con arrogancia amenazan con la opresión.
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Ponen su boca contra los cielos. Su lengua se pasea por la tierra.
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Por eso su pueblo se vuelve a ellos, y beben aguas en abundancia.
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Y dicen: «¿Cómo lo sabe Dios? ¿Acaso hay conocimiento en el Altísimo?»
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He aquí, estos son los impíos. Siempre tranquilos, aumentan sus riquezas.
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Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia,
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porque todo el día he sido azotado, y castigado cada mañana.
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Si yo hubiera dicho: «Hablaré de esta manera», he aquí, habría traicionado a la generación de tus hijos.
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Cuando traté de comprender esto, fue un trabajo demasiado arduo para mí...
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hasta que entré en el santuario de Dios, y comprendí el fin de ellos.
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Ciertamente los has puesto en lugares resbaladizos. Los arrojas a la destrucción.
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¡Cómo son destruidos en un momento! Son totalmente consumidos por los terrores.
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Como un sueño al despertar, así, oh Señor, cuando te levantes, despreciarás su apariencia.
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Cuando mi alma se llenó de amargura, y sentía punzadas en mi corazón,
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yo era torpe e ignorante. Era como una bestia bruta delante de ti.
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Sin embargo, yo estoy continuamente contigo. Tú me has tomado de la mano derecha.
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Me guiarás con tu consejo, y después me recibirás en gloria.
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¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
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Mi carne y mi corazón desfallecen, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre.
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Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán. Tú destruyes a todo aquel que te es infiel.
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Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien. He puesto en el Señor Yahvé mi refugio, para contar todas tus obras.
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