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Oh Dios, ¿por qué nos has desechado para siempre? ¿Por qué humea tu furor contra las ovejas de tu prado?
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Acuérdate de tu congregación, la cual adquiriste desde la antigüedad, la cual redimiste para que sea la tribu de tu heredad; este monte Sión, en el cual has habitado.
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Dirige tus pasos a los asolamientos perpetuos; todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario.
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Tus adversarios han rugido en medio de tu asamblea; han puesto sus propias enseñas por señales.
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Parecían como los que levantan el hacha en medio de la espesura del bosque.
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Y ahora, con hachas y martillos, destrozan todas sus entalladuras.
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Han prendido fuego a tu santuario; han profanado hasta la tierra la morada de tu Nombre.
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Dijeron en su corazón: «Destruyámoslos de una vez». Han quemado todos los lugares de asamblea de Dios en la tierra.
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| 9 |
Ya no vemos nuestras señales milagrosas; ya no hay profeta, ni hay entre nosotros quien sepa hasta cuándo.
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| 10 |
¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el adversario? ¿Blasfemará el enemigo tu nombre para siempre?
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| 11 |
¿Por qué retiras tu mano, tu mano derecha? ¡Sácala de tu seno y destrúyelos!
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| 12 |
Pero Dios es mi Rey desde la antigüedad, el que obra salvación en medio de la tierra.
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| 13 |
Tú dividiste el mar con tu poder; quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas.
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| 14 |
Tú aplastaste las cabezas del Leviatán, y lo diste por comida a los moradores del desierto.
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| 15 |
Tú abriste la fuente y el arroyo; tú secaste ríos caudalosos.
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| 16 |
Tuyo es el día, tuya también es la noche; tú has preparado la luz y el sol.
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| 17 |
Tú estableciste todos los límites de la tierra; el verano y el invierno tú los formaste.
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| 18 |
Acuérdate de esto: que el enemigo te ha afrentado, oh Yahvé, y que un pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.
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| 19 |
No entregues a las fieras el alma de tu tórtola, y no olvides para siempre la vida de tus pobres.
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| 20 |
Mira tu pacto, porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de moradas de violencia.
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| 21 |
No vuelva avergonzado el oprimido; el afligido y el menesteroso alabarán tu nombre.
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| 22 |
¡Levántate, oh Dios, aboga tu propia causa! Acuérdate de cómo el insensato te afrenta cada día.
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| 23 |
No olvides las voces de tus enemigos; el tumulto de los que se levantan contra ti sube continuamente.
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