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¡Cuán amables son tus moradas, oh Yahvé de los ejércitos!
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| 2 |
Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Yahvé; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.
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| 3 |
Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, cerca de tus altares, oh Yahvé de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.
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| 4 |
Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Selah.
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| 5 |
Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos.
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| 6 |
Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia temprana lo cubre de bendiciones.
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| 7 |
Irán de poder en poder; verán a Dios en Sión.
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| 8 |
Yahvé Dios de los ejércitos, oye mi oración; escucha, oh Dios de Jacob. Selah.
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| 9 |
Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido.
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| 10 |
Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.
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| 11 |
Porque sol y escudo es Yahvé Dios; gracia y gloria dará Yahvé. No quitará el bien a los que andan en integridad.
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| 12 |
Yahvé de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.
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