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Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
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| 2 |
Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios.
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Tú reduces al hombre a polvo, y dices: «¡Volved, hijos de los hombres!»
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Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que ya pasó, y como una de las vigilias de la noche.
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Los arrebatas como con torrente de aguas; son como un sueño. Por la mañana son como la hierba que crece.
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Por la mañana florece y crece; a la tarde es cortada y se seca.
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Porque con tu furor somos consumidos, y con tu ira somos turbados.
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Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados ocultos a la luz de tu rostro.
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| 9 |
Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; acabamos nuestros años como un suspiro.
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| 10 |
Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su mayor orgullo es fatiga y trabajo, porque pronto pasan, y volamos.
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| 11 |
¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según el temor que te es debido?
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| 12 |
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.
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¡Vuelve, oh Yahvé! ¿Hasta cuándo? ¡Ten compasión de tus siervos!
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Sácianos de mañana con tu misericordia, para que nos regocijemos y nos alegremos todos nuestros días.
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Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y los años en que hemos visto el mal.
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Manifiéstese tu obra a tus siervos, y tu gloria a sus hijos.
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| 17 |
Sea la luz del Señor nuestro Dios sobre nosotros, y confirma en nosotros la obra de nuestras manos. Sí, la obra de nuestras manos confirma.
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