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Cuando te sientes a comer con un señor, considera bien lo que está delante de ti;
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y pon cuchillo a tu garganta, si eres hombre dado a la gula.
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No codicies sus manjares delicados, porque es pan engañoso.
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No te afanes por hacerte rico; sé prudente y desiste de tu propio intento.
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¿Has de poner tus ojos en lo que no es nada? Porque ciertamente le saldrán alas como de águila, y volará al cielo.
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| 6 |
No comas pan con el de mal ojo, ni codicies sus manjares;
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porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él. «Come y bebe», te dirá; pero su corazón no está contigo.
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Vomitarás el bocado que comiste, y perderás tus suaves palabras.
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| 9 |
No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus razones.
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| 10 |
No traspases el mojón antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos;
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| 11 |
porque el Defensor de ellos es el Fuerte, el cual juzgará la causa de ellos contra ti.
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| 12 |
Aplica tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras de sabiduría.
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| 13 |
No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con la vara, no morirá.
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| 14 |
Castígale con la vara, y librarás su alma del Seol.
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| 15 |
Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, también a mí se me alegrará el corazón;
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| 16 |
mis entrañas también se alegrarán cuando tus labios hablaren cosas rectas.
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| 17 |
No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Yahvé todo el tiempo;
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| 18 |
porque ciertamente hay un porvenir, y tu esperanza no será cortada.
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| 19 |
Oye, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al camino.
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| 20 |
No estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne;
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| 21 |
porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el mucho dormir hará vestir vestidos rotos.
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| 22 |
Oye a tu padre, que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.
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| 23 |
Compra la verdad, y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.
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| 24 |
Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendró al sabio se gozará con él.
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| 25 |
Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te dio a luz.
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| 26 |
Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos.
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| 27 |
Porque sima profunda es la ramera, y pozo angosto la mujer ajena.
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| 28 |
También ella, como robador, acecha, y multiplica entre los hombres los prevaricadores.
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| 29 |
¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las pendencias? ¿Para quién las quejas?
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Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mixtura.
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| 31 |
No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa;
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mas al fin como serpiente morderá, y como áspid dará dolor.
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| 33 |
Tus ojos mirarán cosas extrañas, y tu corazón hablará perversidades.
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| 34 |
Serás como el que yace en medio del mar, o como el que está en la punta de un mastelero.
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| 35 |
Y dirás: «Me hirieron, mas no me dolió; me azotaron, mas no lo sentí; cuando despertare, aún lo volveré a buscar».
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