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Mejor es la buena fama que el buen ungüento, y el día de la muerte que el día del nacimiento.
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Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del convite; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón.
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Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmienda el corazón.
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El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los necios, en la casa del placer.
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Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios.
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Porque la risa del necio es como el crepitar de las espinas debajo de la olla. Y también esto es vanidad.
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Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio, y el soborno corrompe el corazón.
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Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.
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| 9 |
No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.
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| 10 |
Nunca digas: «¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos?»; porque nunca preguntarás con sabiduría sobre esto.
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| 11 |
Buena es la sabiduría con herencia, y provechosa para los que ven el sol.
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| 12 |
Porque escudo es la sabiduría, y escudo es el dinero; mas la excelencia del saber es que la sabiduría da vida a su poseedor.
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| 13 |
Mirad la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
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| 14 |
En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre no halle nada después de él.
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| 15 |
Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y malvado hay que por su maldad prolonga sus días.
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No seas demasiado justo, ni seas sabio en exceso; ¿por qué habrás de destruirte?
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No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo?
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| 18 |
Bueno es que tomes esto, y también que no apartes de ello tu mano; porque el que a Dios teme, saldrá bien de todo ello.
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| 19 |
La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad.
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| 20 |
Ciertamente no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque.
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| 21 |
Tampoco apliques tu corazón a todas las palabras que se dicen, para que no oigas a tu criado maldecirte;
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porque tu corazón sabe que tú también maldijiste a otros muchas veces.
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| 23 |
Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: «Seré sabio»; mas la sabiduría se alejó de mí.
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| 24 |
Lo que está lejos y muy profundo, ¿quién lo hallará?
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Volví yo mi corazón para saber y examinar e inquirir la sabiduría y la razón de las cosas, y para conocer la maldad de la insensatez y la necedad de la locura.
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| 26 |
Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso.
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«He aquí que esto he hallado», dice el Predicador, «pesando las cosas una por una para hallar la razón;
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| 28 |
lo que aún busca mi alma, y no lo encuentro: un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todas estas nunca hallé.
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| 29 |
He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversas trazas.»
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