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¡CUÁN hermosos son tus pies en los calzados, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente maestro.
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Tu ombligo, como una taza redonda, que no le falta bebida. Tu vientre, como montón de trigo, cercado de lirios.
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Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama.
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Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, como las pesqueras de Hesbón junto á la puerta de Batrabbim; tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco.
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Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey ligada en los corredores.
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¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso!
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¡Y tu estatura es semejante á la palma, y tus pechos á los racimos!
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Yo dije: Subiré á la palma, asiré sus ramos: y tus pechos serán ahora como racimos de vid, y el olor de tu boca como de manzanas;
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Y tu paladar como el buen vino, que se entra á mi amado suavemente, y hace hablar los labios de los viejos.
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Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento.
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Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas.
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Levantémonos de mañana á las viñas; veamos si brotan las vides, si se abre el cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores.
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| 13 |
Las mandrágoras han dado olor, y á nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.
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