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Dije: «Oíd, os ruego, cabezas de Jacob, y jefes de la casa de Israel: ¿No os corresponde a vosotros conocer el derecho?
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Vosotros, que odiáis el bien y amáis el mal; que les arrancáis la piel y la carne de sobre sus huesos;
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que coméis también la carne de mi pueblo, les desolláis la piel, les quebráis los huesos y los picáis como para la olla, como carne dentro del caldero».
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Entonces clamarán a Yahvé, pero él no les responderá. Antes bien, esconderá de ellos su rostro en aquel tiempo, por cuanto cometieron malvadas obras.
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Así dice Yahvé acerca de los profetas que extravían a mi pueblo: “Si tienen algo que morder con sus dientes, proclaman: ‘¡Paz!’, pero a quien no les pone nada en la boca, le declaran la guerra”:
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«Por tanto, se os hará noche sin visión, y tendréis tinieblas sin revelación; el sol se pondrá sobre los profetas, y el día se oscurecerá sobre ellos.
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Los videntes serán avergonzados y los adivinos confundidos. Sí, todos ellos se cubrirán los labios, porque no habrá respuesta de Dios».
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Pero yo estoy lleno de poder por el Espíritu de Yahvé, y de juicio y de fortaleza, para denunciar a Jacob su rebelión y a Israel su pecado.
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Oíd esto, os ruego, jefes de la casa de Jacob, y gobernantes de la casa de Israel, que abomináis el derecho y pervertís toda rectitud;
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que edificáis a Sión con sangre y a Jerusalén con iniquidad.
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Sus jefes juzgan por soborno, sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Yahvé, diciendo: «¿No está Yahvé entre nosotros? No vendrá sobre nosotros ningún mal».
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Por tanto, por vuestra causa Sión será arada como un campo, Jerusalén se convertirá en un montón de ruinas, y el monte del templo en cumbres boscosas.
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