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Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.
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Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
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Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos;
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ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.
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Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.
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Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.
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No seáis, pues, partícipes con ellos.
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Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz,
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porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad,
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comprobando lo que es agradable al Señor.
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Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas;
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porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.
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| 13 |
Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas, porque la luz es lo que manifiesta todo.
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Por lo cual dice: «Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo».
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Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,
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aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.
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Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.
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No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,
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hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;
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dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
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| 21 |
Someteos unos a otros en el temor de Dios.
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| 22 |
Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
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porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
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Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
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| 25 |
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
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para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
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a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
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Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
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Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,
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porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
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«Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne».
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Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
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Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
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